miércoles, 20 de junio de 2012

Nuestra actitud filial




Jesús enseña con gran claridad que Dios es realmente nuestro Padre y que nosotros somos realmente sus hijos; y, en segundo lugar, que el Padre nos ama con un amor sumamente tierno y paternal.

¿Qué consecuencias extrae el Señor de esta doble verdad? ¿Qué exige el Padre de nosotros? Por una parte, actitud filial, que resiste las cargas más difíciles que traen consigo los golpes más profundos y duros del destino. Ello exige de nosotros esta actitud de niños. En efecto, Jesús puede llegar a actuar en una u otra situación como un bromista. ¿Acaso nos sorprende? Conocemos la situación. ¡No os preocupéis en forma desordenada! ¿Quién de ustedes podrá agregar con su preocupación —se refiere a la preocupación desordenada, intempestiva— un solo codo a la medida de su cuerpo? (Mt 6,27) ¿Acaso no le va bien esa advertencia al tiempo actual? ¿Por qué matarse de pena y de preocupación? Si hacemos lo que nos cabe, asunto concluido. ¿Dónde está el que hace por nosotros todo lo demás? Es el Padre. Sólo tengo que esforzarme con sencillez. Lo demás lo alcanzaré, en lo que a mí me corresponde, si con actitud filial atraigo sobre mí la bondad paternal de Dios. Por eso, el Señor nos aconseja una y otra vez el pedir. Buscad y encontrareis. Golpead y se os abrirá (véase Mt 7,7; Lc 11,9s). Es más: incluso cuando parece que el Padre no quiere saber nada de nosotros, clamar una y otra vez, trabajar siempre de nuevo. Finalmente, el Padre vendrá a nosotros y nos justificará de alguna manera.


El Padrenuestro, la oración filial

Por eso también la sencilla oración del niño, el Padrenuestro (Mt 6,9-13; Lc 11,2-4). Así deben orar: Padre nuestro. ¡Qué sencilla y tierna suena la expresión! Y ahora se van desgranando las diferentes peticiones. Aquí se revela la actitud fundamental esencial. Pío X dijo en una oportunidad: mi política es el Padrenuestro. ¿Puedo decir también yo que mi preocupación política es el Padrenuestro? ¡Vean cuántas preocupaciones resuenan en el Padrenuestro! ¡En efecto, contiene hasta una jerarquía de preocupaciones! Por favor, récenlo lentamente y pregúntense: ¿son éstas realmente mis preocupaciones? ¡Santificado sea tu nombre! El hijo se preocupa por el Padre a fin de que sea reconocido. Padre-nuestro: ésa es mi política en el difícil tiempo actual. Está relampagueando, un tiempo nuevo está naciendo. ¿Y mi preocupación? ¿No es acaso en forma demasiado fuerte y unilateral una petición de pan? También debemos presentar esa petición, en particular aquellos que tienen la responsabilidad económica. Pero el Señor quiere decirnos, asimismo: ¡No esa preocupación intempestiva! ¿Acaso pueden agregar un solo codo a su cuerpo? ¿No sería mejor hacer que mi política fuese el Padrenuestro, hacer que todos los valores y realidades que nos salen aquí al encuentro fuesen también los míos, en entrega y actitud de niños? Esta es, a grandes rasgos, la enseñanza del Señor.

(Tomado del libro "Las Fuentes de la Alegría", P. José Kentenich, Editorial Patris, Santiago/Chile, Págs. 263) 

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